Nueva Musica Venezuela

Una ventana para hablar de la música venezolana.



Orquesta Filarmónica Nacional Concierto Ciclo Nuevos Compositores 2010




















Fotos: Angel Méndez, Ciudad CCS.

La Orquesta Filarmónica Nacional adscrita a la Compañía Nacional de Música dentro del Ciclo Nuevos Compositores 2010, ha incluido la interpretación de tres compositores contemporáneos de Venezuela, Juan Carlos Núñez, Wilmer Flores y Adrián Suárez. De esta forma, nuevamusicavenezuela, previa aprobación de la Compañía Nacional de Música pone a la disposición del público en general este importante concierto.

Juan Carlos Núñez - Tango Cortázar





Fue estrenada en Nueva York con la American Composer Orchestra, dirigida por Denis Rusell (director de las obras de Arvo Pärt) en el Programa "Sonidos de las Américas" capítulo Venezuela, en el Carnegie Hall. Ha sido dirigida por Eduardo Marturet, Alfredo Rugeles, Rodolfo Saglimbeni y Elisa Vegas.

Su segunda versión correspondió a la Orquesta Filarmónica Nacional, bajo la dirección de su autor. En esencia, la obra plantea la rebelión del arte, en contra de cualquier forma de opresión, homenajeando de esta manera, al gran escritor argentino Julio Cortázar, perseguido por la dictadura del general Videla.




Wilmer Flores - Sacrificio






Sacrificio es una obra relacionada con la temática mariana, que trata de interpretar y relacionar simbólicamente la visión de la madre ante el sacrificio del hijo, por supuesto, dentro de los tópicos vinculados a Jesucristo como punto focal de atención, y por tanto igualmente referida por extensión al sacrificio en todos sus ámbitos como una visión máxima y representativa de la entrega al otro y por el otro, simbolizado en forma excepcional en su dimensión espiritual y material en la figura de Cristo. En su versión para Cuarteto de Cuerdas, Sacrificio es ganadora del Certamen Mayor de las Artes y las Letras, premio Concurso Cada Día un Libro del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, en el renglón Partitura.



Adrián Suárez - Watunna
Chamanes piaroa: Rufino Ponare / Simón López


Watunna es una enseñanza secreta, legada a la Tierra por los primeros Sabios, contenida en la tradición mítica Yekwana, que fue recogida por el investigador Marc de Civrieux. La revalorización actual que debemos hacer de estos mundos culturales de la franja del Orinoco incluye: la recuperación de los atributos de sus Dioses, la presencia enigmática de sus rituales y la incorporación de sus estados simbólicos sobre las múltiples relaciones que entretejen nuestra imaginación a la realidad presente.

Los valores simbólicos, míticos y mágicos provenientes de los relatos de las comunidades indígenas venezolanas de los Estados Amazonas y Bolivar condensan fuerzas oc14ultas y primigenias, como oposición al fracaso de nuestra civilización depredadora que arrasa la Orinoquia, el Amazonas y a sus culturas indígenas. Estos relatos cargan las fuerzas cognoscitivas de esos hombres desde su entorno, en contacto con la Gran Madre Naturaleza, irrefrenable. En estos mitos aflora un mundo subyacente que fluye descarnado, temible, hermético. Lo humano en busca de lo humano.


La pieza Watunna, compuesta por Adrián Suárez para Orquesta Sinfónica de Cámara y Curandero, dedicada al gran artista plástico venezolano Miguel von Dangel (...somos Muerte y Resurrección...), es un documento contemporáneo que ambiciona hablar sobre lo que poseemos. Su discurso es la expresión de la trascendencia de un mundo cultural ancestral en su significación primordial, mostrado en un contexto absolutamente novedoso. El sonido que yo elaboro en torno a estas enseñanzas se convierte en una sustancia de lucidez, de conocimiento, de imaginación simbólica, que sirve de mediación con la divinidad. La traducción de este imaginario a la escritura musical develó la necesidad de incluir nuevos instrumentos al arsenal de la orquesta sinfónica, y adoptar especiales técnicas de ejecución instrumental, claramente expresadas en una grafía poco convencional y novedosa.


Los espíritus ancestrales han enseñado que la mente que aspira a la inteligencia debe convertirse en una fuerza libre y espontánea, por eso dichas enseñanzas no pueden ser comunicadas en lengua vulgar. Los cantos sagrados recitados, que se imbrican con la orquesta, pretenden agudizar al máximo nuestra atención en los mensajes de lengua celeste, legados por la Gente Antigua... lenguaje enigmático que de nuevo nos regrese a la luz divina.




Orquesta Filarmónica Nacional. Juan Carlos Núñez, director musical. Las piezas fueron interpretadas en el Auditorio de la Universidad de las Artes (UNEARTE), el Domingo 07 de Marzo de 2010. Caracas, Venezuela.



Watunna, el oro hecho música


Ángel Méndez


Ciudad CCS, 08/03/10.- Las manos del director revoloteaban en el aire. Cada movimiento iba acompañado de un sonido especial que denotaba exactitud. Los músicos de la Orquesta Filarmónica Nacional permanecían atentos a las indicaciones de Juan Carlos Núñez, quien definitivamente disfrutaba el concierto que le tocó dirigir en el auditorio de la Unearte, una obra maestra: Watunna.


La emoción que expresaba Juan Carlos en su dirección estribaba, no sólo en musicalidad de la pieza sino en la reacción del público que colmó la sala. Se trataba de un estreno a nivel internacional, una composición difícil que combina la música tradicional con el canto de nuestros indígenas en una suerte de rito mágico, donde los sonidos guturales surten el efecto deseado en el espacio que les tocó en suerte, en tanto los chamanes piaroas inundaban con su canto ancestral, salida del alma, bendecían el recinto y a todos los que a él acudimos.


Intuye uno que, lentamente y sin mucho alboroto, lo autóctono se va imponiendo en el gusto de los melómanos. Ya no se trata asistir al estreno de la nueva versión de una obertura de Juan Sebastián Bach o Vivaldi en la batuta de determinado director, el asunto es acudir al encuentro de lo nuestro para apreciarlo en su justa dimensión. Watunna, la magistral composición de Adrián Suárez, con la participación estelar de los hermanos piaroas Rufino Ponare y Simón López, no son sólo el espectáculo, la cosa rara y extraña para algunos, no es así, consiste en una nueva manera de ver el mundo, el necesario cambio de paradigmas, un cristal distinto para ver las estrellas.


Tango Cortázar


El concierto fue pautado para las 11:00 de la mañana. Ya habíamos notado la presencia de los indígenas por el lugar. Ponare y López deambulaban por los espacios de la Unearte en sus típicos atuendos, casi desnudos, y pocos los que se extrañaban por verlos en la zona. Se sabía de su participación en el concierto y en verdad deseábamos presenciar la magia de sus encantos… El programa nos hablaba del Tango Cortázar, un homenaje de Juan Carlos a ese insigne escritor argentino que no termina de morir, porque retoza en los libros que dejó como herencia.


Las notas que ayer apreciamos, donde destacaron las violas y los violonchelos, intentaron jugar con la palabra expresada por Cortázar, esa tan oportuna y tan necesaria. Como lo señala el maestro Núñez, Tango Cortázar es una elegía, loas para una deidad del arte comprometido, donde fácilmente se combina una rumbosa pieza como Taboga de Ricardo Fabregas, para llevarlos irremediablemente a la confrontación en el plano romántico, el espacio preferido del escritor.


Watunna


El plato fuerte de la mañana. Juan Carlos Núñez, el director, nos habla de la inversión de situaciones. No somos nosotros los que vamos hacia el chaman, sino ellos que hoy vienen a nosotros, cargados de musicalidad “y eso es hermoso, que vengan a la orquesta. Aquí no hubo disfraz o representación, los chamanes estaban allí, con sus cantos y sus secretos, no hubo imitación”.


Explica Núñez que la relevancia es la existencia de un cambio de óptica. Hay un cambio de actitud, porque no se trata de ofrecer la conciencia de siempre sino la otra poesía, que siempre ha estado allí. Ese éxito superficial hollywoodense se logra con efectos especiales, pero aquí no hay ingeniería, efectos ni nada parecido, ellos están allí, hay un cambio de actitud que tiende a ser relevante.


Watunna marca un punto importante en nuestra música, porque es el paso que había que dar, darle la oportunidad a quienes nunca la han tenido. Hay de todo, hay angustia, hay un “arrancarse el alma”, porque ellos sufren en su música, en su canto. Se produce algo maravilloso cuando arrancan el tiro, absorben el fluido de lo maligno, los espíritus malos que atacan al hombre. En Watunna, como bien lo señala Juan Carlos, hay toda una historia, el saber de nuestros indígenas, es la magia oculta en medio de la tupida selva. Adrián Suárez, su compositor, ha sabido expresar a cabalidad ese sentir indígena, ese canto melancólico que ayer pudimos apreciar en el Anna Julia Rojas, donde los chamanes Ponare y López nos dieron una muestra de lo que saben hacer. Ellos fueron capaces de trasladarnos a las tierras ocultas. Pudimos escuchar la negritud de los montes, el misterio de la tierra prodigiosa, la rudimentario del sonido que produce el toque del machete con la piedra. Watunna. Una ambición, el poder hablar de lo que poseemos, desentrañar los poderes que llevamos dentro a través de instrumentos rústicos y tradicionales. Una mañana definitivamente inolvidable.